A mediados de enero, el popular meteorólogo y divulgador científico Mario Picazo compartía un vídeo preocupante: una ballena del golfo de Tailandia captura a sus presas a nivel superficial, él único en el que las aguas mantienen oxígeno por la grave situación de hipoxia marina de la zona.

Este fenómeno es otra muestra más del efecto que la contaminación y el cambio climático tiene en el conjunto del planeta. Para conocerlo mejor, en este post te explicamos qué es la hipoxia y el impacto que tiene sobre la fauna marina, como los cetáceos del ejemplo.

¿Qué es la hipoxia marina y cuál ha sido su evolución?

La hipoxia marina es el término que describe las aguas en las que se han reducido tanto los índices de oxígeno que resulta imposible la vida de organismos complejos. En los casos más graves, apenas habitan bacterias que terminan de consumir el poco oxígeno restante.

De forma coloquial, se habla de “mares ahogados” o “zonas muertas”, un fenómeno que se comenzó a detectar a principios del siglo XX. Entonces, se contabilizaban 4 zonas con hipoxia; en los años 1960, ya eran 49.

La escalada, desde entonces, parece imparable: 87 mares muertos en los 1970, 162 la década siguiente y 305 en los 1990. El ritmo, por desgracia, ha continuado acelerándose: en 2010 se calculaban 405 áreas marinas con hipoxia. ¿Su extensión total? 245.000 km², casi como Nueva Zelanda.

Qué es la hipoxia y cómo afecta a fauna marina como los cetáceos - Aguas de Taiwan

En la actualidad, se superan las 700 zonas muertas. Desde mediados del siglo XX, la cantidad de oxígeno en los océanos se ha reducido en más de un 2%. En zonas de riesgo, como las aguas tropicales, la cifra puede aumentar hasta el 40%.

En ocasiones, la hipoxia marina es estacional y se asocia con el verano. Sin embargo, puede convertirse en un fenómeno permanente que afectará para siempre al ecosistema. Con esfuerzos, puede revertirse en un proceso que dura 10 años, pero la fauna habrá sufrido un impacto irrecuperable.

Causas y consecuencias de la hipoxia

La hipoxia marina tiene diversas causas, pero que están estrechamente vinculadas entre ellas. La primera es la agricultura intensiva y el uso indiscriminado de fertilizantes ricos en nitrógeno y fósforo.

Estos componentes llegan al mar, también procedentes de otras industrias, y dañan a las especies autóctonas. Pero no queda ahí el efecto: las bacterias del fondo marino se multiplican gracias a estos compuestos y agotan el oxígeno disponible.

La quema continuada de combustibles fósiles también contamina el mar y se suma al proceso anterior. Además provoca el efecto invernadero, que aumenta las temperaturas de los océanos y acelera la hipoxia marina.

Qué es la hipoxia y cómo afecta a fauna marina como los cetáceos - Medusa

Los sucesivos estadios que llevan a los mares muertos provocan la huida de las especies marinas más desarrolladas, mientras que el resto termina por perecer. Al mismo tiempo, las aguas con menos oxígeno favorecen el crecimiento de poblaciones de medusas.

El atún, el pez espada, los tiburones o las ballenas, por tanto, se ven obligados a marchar o a alterar su comportamiento para sobrevivir. Este es el caso de la ballena que mostraba Mario Picazo, una especie que ya ha adoptado la pesca superficial como un rasgo cultural más de estos grupos.

A esta conclusión llegó el estudio de 2017 sobre el rorcual de Bryde Tread-water feeding of Bryde’s whales. Puedes verlo siguiendo el enlace. El informe explicaba cómo estos cetáceos suben casi a la superficie, abren sus grandes bocas casi rozando el aire y pescan de manera pasiva.

El método resulta muy eficiente a nivel energético para la especie y las crías lo aprenden fijándose en los adultos, adoptando este nuevo comportamiento. Resulta curioso cómo esta estrategia de pesca es muy similar a la que realiza el ser humano en aguas profundas mediante redes.

A pesar de lo fascinante que resulta observar la adaptación de la fauna marina a condiciones cambiantes, este tipo de estudios muestran una situación preocupante. De hecho, las especies que se desplazan a estas áreas superficiales sufren con mayor incidencia la sobrepesca humana, además del peligro de desaparición que provoca todo el fenómeno.

La única manera de detener la hipoxia marina y otras consecuencias del cambio climático es la concienciación y frenar, cuanto antes, las emisiones de gases de efecto invernadero y prácticas como la agricultura intensiva, que requiere la utilización de componentes nocivos para el planeta.

Si no se hace, en torno al año 2100 se calcula una pérdida del 3-4% de niveles de oxígeno en los océanos, con una gran incidencia en los trópicos. Todo ello tendrá un impacto irreversible en la biodiversidad, aún mayor en dichas aguas. Bacterias y medusas están llamadas a dominar los océanos sin no se actúa.

Qué es la hipoxia y cómo afecta a fauna marina como los cetáceos - Ballena jorobada

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