La conservación de los anfibios es cada vez más necesaria para garantizar la biodiversidad del planeta. En la actualidad, la clase Amphibia es el grupo animal más amenazado del mundo y el riesgo de desaparición de centenares de especies aumenta por la aparición de nuevas enfermedades emergentes.

¿Quieres saber más sobre el estado actual de los anfibios y las amenazas a las que se enfrentan sus poblaciones? Te lo contamos en este post.

Conservación de los anfibios: hasta un 40% de especies en peligro

El ser humano conoce aproximadamente 8.000 especies de anfibios. El orden de los Anura (ranas y sapos) compone casi el 90% de las mismas, mientras que Caudata (salamandras y tritones) y Gymnophiona (cecilias) completan el 10% restante.

Con estos datos en mente, se comprende mejor la gravedad de la situación: el 40% de las especies de anfibios están amenazadas. De hecho, más del 30% aparecen en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). Por si fuera poco, más de 200 especies están sufriendo una gran disminución en sus poblaciones.

Especies amenazadas: la necesaria conservación de los anfibios (Salamandra Común)

Las causas de esta situación son diversas, aunque están relacionadas entre ellas y prácticamente todas son fruto de la acción humana:

  • La destrucción y fragmentación de sus hábitats naturales
  • El cambio climático
  • El aumento de la radiación ultravioleta causado por la destrucción de la capa de ozono
  • El consumo y el tráfico ilegal
  • Los atropellos
  • La aparición de especies exóticas invasoras

Sin embargo, como decíamos antes, los anfibios se enfrentan a una nueva amenaza que resulta cada vez más grave: los patógenos o enfermedades emergentes. Por su importancia, hablamos de ello por separado a continuación.

Las enfermedades emergentes, una gran amenaza para los anfibios

La transformación de las condiciones ambientales provocada por el ser humano ha generado la aparición de enfermedades emergentes en nuevas áreas del planeta, lo que afecta a las poblaciones de anfibios especialmente en los últimos años.

Estos patógenos pueden ser:

  • Bacterias, como Mycobacterium y Chlamydia.
  • Virus, como ranavirus y herpesvirus.
  • Hongos, como quitridiomicosis o quitridios.

Los más preocupantes para los científicos en la actualidad son los quitridios, que se pensaba hasta hace poco que no generaban enfermedades. Sin embargo, se ha descubierto que el Batrachochytrium dendrobatidis aparece en 700 especies de anfibios y está reduciendo las poblaciones.

Especies amenazadas: la necesaria conservación de los anfibios (Ranita)

Además, el Batrachochytrium salamandrivorans ha provocado la extinción local de diversas poblaciones de salamandras en Centroeuropa. Al tratarse de infecciones fúngicas que afectan a la piel, resultan muy delicadas al dificultar la respiración cutánea. La enfermedad acaba provocando paradas cardíacas por toxemia.

El ranavirus es más conocido y ataca al hígado, bazo, estómago y piel hasta causar la muerte del animal. El gran número de especies portadoras extiende la enfermedad, por lo que el movimiento de ejemplares por diversas causas puede causar grandes daños en las poblaciones.

Las enfermedades emergentes están muy relacionadas con el ser humano: el tráfico global de mercancías disemina los patógenos, por ejemplo. Pero además, el coleccionismo de especies exóticas, su puesta en libertad sin ningún tipo de supervisión científica y la degradación de los hábitats facilitan que se extiendan rápidamente entre poblaciones de anfibios.

Especies amenazadas: la necesaria conservación de los anfibios (Salamandra)

La concienciación, el cuidado del planeta y la eliminación completa del tráfico ilegal de especies son algunas de las claves para la conservación de los anfibios. Pero no son las únicas, ya que serán necesarios los trabajos de protección y recuperación de fauna.

Si quieres saber más sobre este tema, lee el completo artículo de Albert Martinez-Silvestre que nos ha servido de fuente. Albert es Doctor Veterinario, especialista en herpetología y el Director Cientifico del Centro de Recuperación de Anfibios y Reptiles de Cataluña (CRARC), centro colaborador de IDEA.

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